Archivado en: Uncategorized
Pelo:
Pelado
Ojos:
Azules grisaceos, tristes en reposo (segun dicen) y afilados (cuales uñas retractiles) en alerta.
Mi mejor rasgo:
La lealtad (demasiados Sopranos?)
Altura:
1.69 y punto.
Lentes:
De sol, de momento solo dos pares, unas Arnette Rushmor y Oakley Frogskins (edicion limitada a 200 unidades) … puff soy un puto snob, pero quiero otras Arnette “oversize” un poco mas pimp
Pies:
Mas feos que un frigorifico por detras.
Edad:
La edad del porvenir, 27
Piercings:
De momento no mas agujeros que los que me corresponden por naturaleza.
Tatuajes:
Lo que se tenga que ver, ya se verá.
Frase favorita:
“Le voy a ofrecer un trato que no podrá rechazar.”
Diestra o zurda:
DiestrO… pero nada que ver con ninguno de ellos, no tengo ganado pero tengo el graduado
Un deseo:
Tiempo.
¿Echas de menos a alguien?:
Supongo que en algun momento sí, pero a ningun alguien mas que a otro, por lo menos que me acuerde ahora
Mejor vicio:
Los hay mejores? Cualquiera de los colectivos y que no cueste dinero.
¿Estás enamorada?:
Enamoradisima… No, al menos con una continuidad logica.
¿Con cuánta gente te has liado?:
Pocas, me acuerdo de todos los nombres!
¿Novio en estos momentos?:
MMMMmmm…
¿Amor a primera vista?:
No es ciego el amor…
¿Amar o que me amen?:
Puff… es que asi en frio…
¿Te rompieron el corazón alguna vez?:
Si, la ultima vez hasta me toco barrer.
¿…y tú lo rompiste?:
Yo tb, pero… No hay pero.
Locura más grande por amor:
Me empieza a aburrir esto. Locura crónica.
Una cita ideal:
Una en la que hablar no sea fundamental, y tpco me malinterpretes.
Un lugar:
El paseo de San Sadurniño
¿Romántica o espontánea?:
Hasta mi lado femenino se empieza a ruborizar, espontaneo, lo romantico es demasiado plastico.
Películas:
El club de la lucha, Los 3 Padrinos y alguna mas seguro…
Bandas sonoras:
Los Soprano, Weeds,…
Canción:
I love de Cocaine (buckcherry), Cover you in oil (ac/dc), Give me novacaine (Green day), que se me ocurran a bote pronto…
Dulces:
Con chocolate.
Deportes:
Caminar, completamente de acuerdo.
Bebida sin alcohol:
Café.
Bebida con alcohol:
Cerveza.
Comida favorita:
Raxo o zorza.
Marca favorita de vestir:
Sir Benie Milles
Materia de la escuela:
Eso fue hace mucho tiempo.
Animales:
Mis compañeros de trabajo… pero alguno le pondria vozal.
Libros:
Ultimamente no leo mucho, estoy con “El lenguaje del cuerpo”
¿Has besado a un extraño?:
No, pero alguna extraña si.
¿Tomado alcohol?:
Si. Y?
¿Fumado?:
Cada día.
¿Has escapado de casa?:
Con lo cara que esta la vivienda y los alquileres?
Bueno… pues espero que no resulte demasiado borde, en principio no lo voy a pasar, sois muy libres de hacerlo si quereis… Un saludo.
Archivado en: Uncategorized

En la calle vestido de rata y listo para matar, me dirigía al estanco esperando que el trato de mi dispensadora fuera lo más protocolario posible, ya que mis ganas de mantener una conversación de besugos eran equivalentes a las que tenia de me atropellara un tranvía.
Sonó el móvil, en mi cerebro en fosforescente neón de prostíbulo se encendía la frase “que se joda el mundo”, una voz demasiado festiva para conocer lo que pesa una resaca acompañada de una jornada laboral, me atormentaba… esa voz cantarina y provocadora estaba despertando el Jeckill que tenía dentro, pero cuando estaba a punto en de ensañarme a puñaladas verbales, los dolores de cabeza, junto con los latigazos en el estomago que se convertían en arcadas, hicieron que el conmutador cerebral se me puenteara y me limite a colgar.
Desde aquella perspectiva costaba darle forma a la jornada que quedaba por delante, las ganas empujaban a tumbarse en cama y únicamente moverse en caso de necesidades biológicas irreprimibles, pero me parecía demasiado cobarde, además mi malestar físico no estaba solo, era hora de arrepentirse o no, el alcohol no era una excusa lo suficiente solida y la letra escarlata ya empezaba a quemar en el reverso de mi cuello.
Era increíble ver como aquel fenómeno autodestructivo se extendía dentro de mí, recuerdo que a los diecinueve años nos comíamos el mundo untado en mermelada de perla y al día siguiente compartíamos los recuerdos entre risas, las barreras morales no estaban a nuestro alcance puesto que nadie nos había hablado de su existencia, el que, con quien, donde y porque, eran preguntas absurdas, que a nadie interesaba responder. Sin embargo años después ahora, todo pesaba, cada persona, sitio o motivo era una tonelada más que cargarse a la espalda y cada una de aquellas preguntas tenía una respuesta más dolorosa que la anterior. La mermelada de perla era ahora pan duro untado en un sucedáneo de mierda.

